Cáncer de mama. Capitulo 1 Estoy en una nube.

 Tú dices blanco yo digo negro, tú dices voy yo digo vengo miro la vida en color y tu en blanco y negro,,,,,te regalo mi amor te regalo mi vida,,, es la canción que suena en el fondo de la sala de donde salen de unos pequeños altavoces de un pc de mesa. Es un momento mágico donde la canta dos enfermeros mientras van cambiando bolsas del tratamiento de  quimioterapia. Se unen algunos al estribillo acompañantes y enfermos, donde  de pronto suenan las risas, en ese momento no existe nada más que una letra de canción , se para el tiempo. Pasan unos segundos, recorro con mi mirada la sala de nuevo, esos sillones rojos donde tienen cada uno un número en la pared. Son diez sillones , diez sillas para el  acompañante, cada una con espacio suficiente para poder pasar el enfermero y tener un poco, solo un poco de intimidad.

Todo empieza con un leve tocamiento en el pecho izquierdo, jamás en veintiséis años que llevo con ella nunca se había revisado el pecho. Puedes llamarlo casualidad, el destino, o el ángel que dicen que todos tenemos. En ese momento en el que te dice, ¡tengo un bultito! a la que una rápidamente extiende la mano para poder tocarlo. En la palpación cuando lo encuentro se me pasa por el pensamiento,¡ Dios mío que no nos toque!. Después pasas a modo  zen, el decirme que no es nada , relajar a tu pareja y a ti misma.

Acudes al  especialista  donde te dice que no nota nada importante, mediante una ecografía y una palpación, pregunta que cuando le toca la mamografía, le dice que  en breve le toca la revisión de los dos años. Sales de la consulta aliviada como si te hubiesen dado un masaje, te quitas un peso de encima. La vida continúa con normalidad, estamos de vacaciones ,disfrutando de los días con la familia, la piscina y los días de calor que no cesan, ¡madre mía 42 grados!.

Pasa una semana  y llega la cita de la mamografía, empieza los nervios, el pensar en las molestias que sufrirá  ella en la máquina al manipular su pecho, quién no lo piensa?, no es muy agradable.

 Llega el día en el que al entrar en la habitación pequeña del centro de mamografía, una señora con el abanico refrescaba su rostro sudoroso. Nos sentamos juntas en el asiento enfrente de la señora, las manos le sudan, nervios, , empezamos hablar del mosquito que había en la habitación rondando nuestros cuerpos, su ir y venir al olor me imagino de la sudoración nerviosa de ambas. La llaman por su nombre para entrar en la sala, en 15 minutos estaba saliendo por la puerta de la consulta, su cara colorada, con paso firme y mirándome a los ojos me dice sus primeras palabras," nena  no duele", respiro hondo y nos vamos más relajada, ahora le tocaba a la señora del abanico que me contó que ella se encontró un bultito al tocarse el pecho y que le daba mucho miedo, la tranquilicé mientras esperaba a mi chica. 

Te marchas  a casa siguiendo con tu vida feliz, todavía quedan algunos días de vacaciones, que guay.

Al poco  llaman a su  teléfono un número desconocido, ella duda en si lo coge o no por la cantidad de llamadas de spam que tiene al día. Suena cuatro veces y decide cogerlo, preguntan por ella, le dicen que es de prevención de mama ,  es para darle cita para una ecografía, su  rostro cambia, notas que pasa algo, muestra preocupación cuando me lo contaba, entonces se  despierta una alarma en tu interior. 

Llega el día para la ecografía de nuevo nervios, calor , sudoración, 40 grados en la calle, las cuatro de la tarde, la cita en el hospital. Llegamos a un pasillo largo lleno de puertas en los laterales, nos dirigimos a la puerta número 9 donde indica ecografía. En la puerta un papel informativo de no llamar, saldrá un enfermero. Nos sentamos en  una sillas de metal de acero inoxidable, eran nuevas, cómodas pero frías.  Enfrente una chica joven de origen moro por su vestimenta dando de mamar a un bebé de días.

Las dos nos sonreímos al ver al pequeño, tan frágil con su manita apoyada en el pecho de su madre, tan vulnerable, su madre también esperaba para una ecografía.

Al poco suena su nombre cuando se va abriendo la puerta número nueve. Se  dirige a la puerta junto con la enfermera, su paso era temeroso, cabizbaja, miro la hora. Me levanto y empiezo mi procesión,  mi ir y venir por el pasillo enfrente de la puerta de la sala. Veinte lozas contaba a paso normal en dirección recta y me giraba, otras veintes dirección recta, así hasta casi media hora que es lo que tardó la exploración.

 Al abrirse la puerta solo me fije en su mirada, mi niña me dice que le tienen que  hacer una biopsia, en la mamografía y la ecografía muestran varios quistes y hay que analizarlos. Imaginaros el momento, empieza a caerse el puzle de nuestras vidas.

Seguimos con nuestras vidas a la espera de la cita de la biopsia, aunque no es lo mismo, la preocupación crece en nuestros días.

El día de la biopsia me dirijo a las mismas lozas, empieza mi recorrido, esta vez miro al techo en varias ocasiones donde me fijaba en la rejilla del aire acondicionado. Estaban muy sucios, dejados, pensaba ¨"madre mía cuantas bacterias", si llego a tener una bayeta hubiese acercado un sillón y la hubiese limpiado, los nervios me dan por limpiar.


Ahora toca esperar resultados, sujetador deportivo durante tres horas y nada de mojarse, después vida normal,,,,respirar hondo y hacer como si no pasase nada. Noches de calor, insomnio, sin apetito pero hay que disfrutar el día para no desgastarnos, la vida hay que disfrutarla a tope, el tiempo no te espera.


Nos vemos de nuevo donde empezamos en la sala de espera de la consulta, esta vez con más pruebas, allí veías a las que como nosotras llegaban con los acompañantes, super arregladas colores muy alegres, muy  pintadas ocultando el miedo a lo que representa la consulta. Las pacientes que tenían un largo recorrido en esa consulta, se notaba en sus rasgos la batalla que estaban teniendo, su vestimenta era más oscura, triste cansada, sin embargo escuchabas la voz de la enfermera de la consulta saludándola por su nombre y dando ánimos, les hacía sonreír, a una señora que no podía mover los dos brazos, le dijo que parecía una postura de bailarina toda vestida de negro que estaba muy guapa. Toda la gente de la sala fuimos cómplice tímidamente de esa sonrisa.

Sentadas en la segunda fila, nos llama la enfermera, al abrir la puerta dos sillas una mesa de ordenador, detrás la especialista. Nos dice que la enferma se siente en la derecha y el acompañante en la izquierda pues con el ordenador delante de ella su campo de visón se corta en la parte izquierda. La bata blanca sin identificación, en su cara años de experiencia , eso consuela o eso creo. la consulta grande separada por un tabique que da a otra salita de exploración. Una maceta de potos cuelga sobre un mueble con medicación. Un ventana enfrente donde veías el cielo sin nubes. Me descuelgo el bolso en el que tiene un ojo egipcio hecho de bolitas de colores, me lo coloco en las piernas, mis yemas de los dedos empieza a pasar por las bolitas del relieve del ojo del bolso, como si de una lectura de braille. Esos segundo mientras mira el expediente se hace muy largos, siento el calor de mi pareja pues las dos con pantalón corto nos tocábamos la piel, ese momento de decirle tranquila, estoy contigo. Me da su bolso para estar más relajada, le dice que pasa a la sala para explorarla.

Una exploración en una camilla y las pruebas, diagnostican que es cáncer y que es malo, palabras textuales de la profesional, nos comenta que va a reunirse al día siguiente con  el gabinete de oncología para el tratamiento a seguir y terminaría en operación. Que le va a cortar las patas al bicho y cuando termine el tratamiento a recibir y las medidas que se harán,   se reducirá y pasaríamos de nuevo por su consulta para hablar de la intervención. Las dos sentadas en las sillas, inmóviles no dando crédito a lo que estábamos escuchando, ninguna pregunta.

 Nos despedimos de la doctora con voz quebradiza , mi pareja abrió la puerta al estar más cerca de ella, cuando salimos de la consulta me dijo "estoy en una nube".





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